Mostrando Resultados 1 a 6 de 6

Tema: Hola y adiós (cuento triste y alegre)

  1. #1

    Por Defecto Hola y adiós (cuento triste y alegre)

    -Hola- interrumpió más que saludar el anciano.
    -Tiene usted, finísimo caballero, unos cuantos minutos para dispensarme?- prosiguió el viejo charlatán- Solo, ambiciono que me preste sus oídos y su imaginación, para que se trepen en las palabras del relato que anhelo compartir, un cuento triste y alegre, que empieza en ‘hola’ y termina en ‘adiós’, no aspiro emolumento alguno por mi narración, aunque lo tomaría de buen grado si usted, distinguido caballero, resolviera alimentar mis áridos bolsillos.
    El elegante transeúnte de esos victorianos empedrados tomo asiento en un banco cercano, y con un amable ademán invito al anciano narrador a compartir su tiempo.
    Mientras ese viejo extraño se ubicaba junto al caballero en aquel oportuno banco, sin mas prolegómenos, comenzó a relatarle un cuento triste y alegre que empezaba en ‘hola’ y terminaba en ‘adiós’
    Se trataba el mismo de un oscuro juglar de las comarcas de Wicklow, que acopiaba en su alma la pena de no ser amado, sus precarios cantares, se estrellaban en la indiferencia de las doncellas, como las olas del mar irlandés se volvían espuma al pie de los acantilados.
    No tenía decidido si era la burla o el desatento silencio la mas doliente puñalada en su corazón, cada vez que exponía sus mas lucidos versos.
    Fueron las insensatas habladurías que lo decidieron a partir a Raheenmore, donde, según la chusma, vivía una hechicera llamada Morvern. Ella y solo ella, aliviaría su pesar.
    Partió al alba, y no brillaba aun el sol del mediodía cuando se encontró frente a la cabaña que Morvern habitaba.
    Golpeo la pesada puerta, que al abrirse, embargó al mozalbete de una magna sorpresa: No era Morvern una vieja bruja rasposa, sino una hermosa joven de rojo y pesado cabello y de una mirada azul que cegaba.
    La bella hechicera no lo invito a pasar, sino que lo tomo de la mano y le sugirió que le contara las penas que lo trajeron a ella, mientras caminaban por la campiña.
    Cuando la joven hubo oído lo necesario, le dijo:
    -El corazón de cualquier mujer será tuyo, tan solo con contarle un cuento triste y alegre a la vez, pero debes asegurarte que empiece en ‘hola’ y termine en ‘adiós’
    -Bromeas?- se mofó el muchacho- Tan solo eso?
    -Tan solo eso- ratifico la hermosa bruja- pero debes obrar con sabiduría, los hechizos de amor acarrean impredecibles consecuencias,
    -y otra cosa mas debo decirte- continuó- no obres este hechizo sobre la mujer equivocada
    -Equivocada?- indagó el joven- cual es la mujer equivocada?
    -Es aquella que auténticamente te ama, sin necesidad de hechizo, si la hechizas y la abandonas dos veces, la maldición hará que tus penas actuales parezcan un dulce néctar, ¿comprendes cabalmente lo que te advierto?
    -No puedo creerlo- soñaba despierto el juglar- solo tengo que contar un cuento triste y alegre que empiece en ‘hola’ y termine en ‘adiós’. Como debo pagarte?
    -Con algo que solo tu puedas darme y que yo acepte
    -Te pagaré con mi amor- respondió altanero el muchacho
    -porque piensas que yo lo aceptaría?- pregunto la joven, casi con ternura
    El bisoño narrador comenzó a contarle un cuento triste y alegre, que empezaba en ‘hola’ y terminaba en ‘adios’
    Apenas la voz del juglar se calló los dos jóvenes se entregaron a la pasión sobre el verde manto

    Las mujeres mas bellas de Irlanda de a una se iban postrando al encanto prestado del juglar, pero el joven pronto se aburría de las triviales doncellas.
    El efímero atractivo que las muchachas desplegaban de la piel para afuera caducaba en la sensibilidad del ladino trovador ni bien éste aplacaba sus ansias.
    La conquista lisa y llana no era un desafío, por lo que subió el listón. Viajó a Surrey, a la caza de una viuda veinteañera de un respetado señor feudal que dejo su vida en los campos de Bellingham. Hubo de recurrir a varios ardides para llegar al oído de la joven, que olvido su luto, tan pronto escucho un cuento triste y alegre que empezaba en hola y terminaba en adiós.
    No tardo la viuda en engrosar la lista del audaz juglar, una vez que ésta le abrió las puertas de distintas cortesanas. Sus vestiduras se tornaron más caras y lujosas en tanto su hechizo lo apuntalaba como el favorito de las favoritas.
    Ya no encantaba a viudas y doncellas pobres, ahora debía sortear los celos de poderosos consortes.
    ‘Bien hubiera hecho aquella bruja, si me hubiera enseñado conjuros para lidiar con estos cornudos pelmazos, con vasallos, escudos de armas y esposas escurridizas’ se lamentaba en broma el falso seductor.
    Sus alforjas se iban llenando de oro, y su astucia, de picaros recursos.
    Divertía a sus amigotes en las tabernas, contando sus hazañas (y solventando sus tragos). Todos los parroquianos le dedicaban su atención cuando narraba la ocasión en la que tuvo que huir disfrazado de mujer. Gesticulaba mientras decía: ‘los lacayos que me escoltaban chorreaban de lujuria, por lo que aceleré mi paso para salir del herrumbroso castillo, mas, cerca del portón la mirada libidinosa se había tornado en desconcierto cuando por obra de mi agitada marcha, mis senos ficticios se hallaban a la altura de mi cadera’.
    Aventurillas como estas iban engrosando su diario de viajes. Llegó a ser compañero de juergas del duque de Navarra, quien admiraba el inexplicable encanto del juglar.
    Las décadas se aposentaron en su piel. Ya nadie recordaba su pasado juglaresco. Conquisto el favor de grandes hombres aconsejados por sus mujeres hechizadas por un cuento triste y alegre que empezaba en hola y terminaba en adiós.
    Una misión que su patrón le encomendó, lo llevó a su Wicklow natal. Las callejuelas y las chozas estaban iguales, pero la gente, no. Nadie lo conocía él y él no conocía a nadie.
    Una bella y madura mujer, llamó su atención, no sabía porque ni se lo cuestionó. Tan solo desató su voracidad y se ubicó a su lado.
    -Buenas tardes, bella señora
    -Sus ropas son las de un caballero, pero no sus modales- replicó la mujer-¿Cómo se atreve a hablarle a una dama sola?
    -Solo quiero compartir con usted esta dulce brisa vespertina y narrarle una bella historia
    -no lo haga, váyase, se lo advierto
    -escuche mi cuento, es triste y alegre, empieza en hola y termina en adiós
    El lecho atestiguaba la mutua prodigalidad de los amantes
    -Dime tu nombre, Bella Flor
    -Ya no importa, mi adorado señor.
    Cuando el sol pinto de naranja el este irlandés, la mujer se percató con serena resignación que estaba vacía la adyacencia de su cama.

    El otrora juglar devenido en fino alcahuete, estaba acodado en la baranda del barco que lo depositaría en las tierras de su señor. Desde que divisó el puerto donde un carruaje lo esperaba, sintió un inusitado fuego por desplegar su conjuro en cuanta dama se le aproximara.
    Una mozuela que vendía candiles en las calles contiguas al puerto se le acerco al efecto de ofrecerle su modesta mercancía.
    -Te compraré unos cuantos candiles, niña si escuchas el cuento que quiero narrarte.
    La niña asintió en silencio, sin mayor interés, y escucho un cuento triste y alegre que empezaba en hola y terminaba en adiós. Luego tan solo tomó las monedas y se perdió entre los transeúntes. Como un cazador saciado que abandona su presa, el hombre no hizo otra cosa que buscar alguien más a quien contar su historia, que ya no enamoraba. El torbellino que había en su mente, a duras penas le permitía comprender que las cosas que mas apreciaba habían perdido todo sabor.
    Ese maldito cuento, se estaba haciendo carne en él, especuló estupefacto. Quería narrar ese cuento, sentía como que arrancaba un fantasma de su cuerpo cada vez que lo contaba, pero que volvía cuando el interlocutor se marchaba.
    Desertó de su patrón y se embarco a Irlanda, una vez en su patria, exprimió sus sesos hasta recordar el nombre de Raheenmore, y hasta allí se dirigió.
    Preguntó por una hechicera, a cada persona de edad provecta con que se topaba.
    -Se llamaba Morvern- acoto un anciano
    -Se mudó a Wicklow, hace como veinte años- completó otro.
    Las rodillas del aventurero temblaron.
    El círculo empezaba a cerrar, cabalgó a Wicklow y buscó a cada dama en el pueblo hasta que dio con la última mujer con la que había yacido.
    -Eres tu aquella hechicera llamada Morvern, ¿verdad?-indagó enérgico-¿Qué me está sucediendo?
    -Sucede que te amé con cada gota de mi sangre desde el momento que te ví llegar a mi cabaña en Raheenmore- respondió lacónica y continuó- cuando me abandonaste por primera vez pensé en quitarme la vida para evitar que por tu sandez se cumpliera la maldición, pero el Maestro de mi Orden me aconsejo que no me burlara de lo que estaba escrito. Créeme, mi dulce amor, que gustosa hubiera ido a la muerte por librarte de la maldición que tu mismo desataste cuando me hechizaste y me abandonaste por segunda vez
    El hombre se desplomó, y parecía consumirse en inteligibles llantos
    La hermosa mirada azul de la mujer se congeló y con lúgubre voz dictaminó
    -Esta es la maldición que sobrellevaras por siempre: nada te complacerá, nada te reconfortará, ningún placer te brindará felicidad, ningún apetito te conferirá goce, la única sed, que moverá tu vida será narrar las historias que te sumergieron en tan abominable abismo, y sentirás que el fuego roe tus entrañas cada instante en que no lo hagas
    -¿tendré que soportar este tormento hasta que muera?-preguntó sollozando
    -No dije hasta que mueras, dije por siempre- culminó y con sendas lágrimas en sus ojos se perdió en la noche
    Las hojas se marchitaron, la nieve cubrió la hierba y las flores pintaron la campiña, una y otra vez. Reinos se alzaron y cayeron. Dinastías izaron sus banderas hasta que sus patriarcas fueron al cadalso para dar paso a otra dinastía, y el juglar seguía acarreando su maldición. Recorría los empedrados, anhelando que piadosos oídos, le concedieran unos minutos y escucharan la historia que el tenía para narrar: un cuento triste y alegre, que empieza en hola y termina en adiós
    Última edición por Vriogel; 08-02-2012 a las 01:35 AM
    Si al manco lo llaman manco
    y ese va sin variantes,
    ¿por qué al cojo lo llaman rengo
    y ya no cojo como antes?

  2. #2

    Por Defecto

    Hola,
    me encanto el relato!!
    siempre me gustaron, las historias medievales con brujas incluidas, pero esta bruja tenia sentimirntos "humanos", entondes me gusto mas.
    Y quien sabe, a lo mejor, muchos estamos hechizados, que nos vivimos desencontrando con nuestro verdadero amor..
    Adios

  3. #3

    Por Defecto

    Hola Flacu
    Me alegra que te haya gustado, la bruja era en Pan de Dios, pero el tipo era un forro
    Veo que captaste el detalle que el cuento, al igual que este post y el tuyo, empieza en hola y termina en adiós.
    Si al manco lo llaman manco
    y ese va sin variantes,
    ¿por qué al cojo lo llaman rengo
    y ya no cojo como antes?

  4. #4
    Avatar de gabo
    Fecha de Ingreso
    20 Sep 2010
    Posts
    1,011

    Por Defecto

    Hola Gluuteos, tu narrativa es simplemente excelente, te dedicas a la escritura? Me encanto tu corto cuento que comienza en Hola y termina en Adios....


    Avatar nuevo by Flacu

  5. #5

    Por Defecto

    Gracias Amigo!!!
    si me dedico a la escritura?
    no para nada, es un entretenimiento, como una artesanía. Por eso me alegra mucho que a mis amigos Flacu y Gabo les haya gustado
    Si al manco lo llaman manco
    y ese va sin variantes,
    ¿por qué al cojo lo llaman rengo
    y ya no cojo como antes?

  6. #6

    Por Defecto

    uhhhh, mi viejo cuento!!! hacía mucho que no lo leía, ya lo había olvidado
    por cierto, no está tan mal...
    Si al manco lo llaman manco
    y ese va sin variantes,
    ¿por qué al cojo lo llaman rengo
    y ya no cojo como antes?

Reglas de Posteo

  • Usted no puede publicar nuevos hilos
  • Usted no puede publicar respuestas
  • Usted no puede publicar archivos adjuntos
  • Usted no puede editar sus posts
  •