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Tema: Los guerreros rebeldes

  1. #1
    Avatar de Aragorn
    Fecha de Ingreso
    22 Dec 2007
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    Talcahuano
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    Por Defecto Los guerreros rebeldes

    Esta historia le escribí hace varios años cuando jugaba travian, durante las primeras apariciones de los Natare. La posteo completa ya que dudo pueda ser constante como para ir publicándola por partes o capítulos. Espero les guste.

    LOS GUERREROS REBELDES

    Son las tres de la madrugada en el mundo de travian, el viento sopla frío y en la brisa nocturna se percibe un aire de batalla. A lo lejos, hacia el Este, se escuchan las marchas bélicas de numerosas legiones que van rumbo a la guerra, compuestas por una contundente infantería que a simple vista supera los 150 mil soldados, una caballería compuesta por a lo menos 40 mil jinetes y un sin fin de arietes que junto a las catapultas son escoltadas por 5 ejércitos.

    80 leguas hacia el Sur, una manada de elefantes corre impávida intentando escapar de sus cazadores, y solo su líder, el gran elefante llamado Surus-Syrus, hace frente a lo que para el son los raptores de su pueblo: Los Natare. Una y otra vez arremete en embestida contra ellos, hasta que finalmente cae exhausto. Justo cuando las cadenas se dejan caer sobre su grueso pescuezo y sus patas delanteras, en un último intento de lucha, emite un bramido tan potente que revienta los tímpanos de todos los soldados que estaban a menos de 5 metros de él, sin embargo este último esfuerzo fue en vano, ya que al primer intento de ponerse en pié, un centenar de picas natare se dejan caer sobre su pesado cuerpo, las cuales en su mayoría fueron a dar al suelo, siendo incapaces de penetrar la piel del paquidermo, no obstante, dado el gran número de atacantes, las picas que asestaron bastaron para derribarlo, para luego ultimarlo con un enorme mazo espinoso justo en la garganta. Mientras, el resto de la manada fue capturada y las bestias más viejas, muertas.

    Los ejércitos que marchaban día y noche recorrían grandes distancias para batallar. Al comienzo de las hostilidades iban y venían de un lado para otro recolectando grandes cantidades de víveres y materias primas, como barro, hierro y madera, lo cual significaba una travesía de mucho sacrificio para ellos, pero conforme avanzaron los tiempos, se podía percibir cómo cada vez eran menos los soldados que regresaban. Incluso, en ocasiones no regresaba ningún guerrero; la gran mayoría muertos en combate, y los menos, capturados en las trampas del imperio galo.

    Un día, cuando el sol se hacía ver entre las montañas del mundo travian, algo inesperado ocurre. Un guerrero del imperio romano llamado Brado desobedece las órdenes de ataque y se detiene en un oasis a descansar y a buscar algunos víveres para comer. Estando ya unas horas en el oasis, de pronto escucha un sonido de un cuerno y algo así como un cántico cantado en alguna lengua extranjera que aun no comprendía. Pasado algunos minutos acechando entre los arbustos, logra ver a un hombre de cabellos claros, corpulento que lucía el torso semidesnudo, cubierto por apenas un par de pieles de animal, y con una barba y un casco astado que le tapaban casi todo el rostro. Un Germano!! - Exclamo Brado-. Su inconfundible vestimenta y cantos evidenciaban la presencia de Arminius, un luchador de hacha de raza germana. Brado, guerrero por naturaleza, en esta ocasión no sintió el instinto de batalla, sino que la curiosidad por conocer más a este personaje le hizo mantenerse donde estaba para observar un poco mas. Freie Menschen weiter!!... freie Menschen weiter!!... - es lo único que escuchaba junto a las carcajadas burlonas del germano, quien entre estrofa y estrofa se empinaba, en algo así como una bota, un trago de algún elixir maloliente, similar al olor de las levaduras que se usaban para hacer pan en el pueblo de Brado -. De pronto, el romano comprendió que ambos estaban en la misma situación, ambos eran encomendados para atacar un objetivo sin un ejército, y se compadeció de él, puesto que jamás comprendió el porqué de esas órdenes. Enviar soldados solos a atacar una aldea, ciertamente era una locura, pero como en el ejército las órdenes de los superiores no se cuestionan, todos acataban, aún temiendo por sus vidas al no tener jamás noticia alguna de los guerreros enviados a combate en esas condiciones. Freie Menschen weiter!!... freie Menschen weiter!!...una y otra vez cantó Arminius, hasta que de pronto, el elixir maloliente, cuyo olor llegaba hasta las mismas narices de Brado, hace su efecto y termina por derribar al germano, a quien ya en las últimas canciones no se le entendía frase alguna, solo un lloriqueo balbuceado…. y lo que por los gestos que hacía con las manos, parecía ser el maldecir a alguien (probablemente a su general por enviarlo solo a la batalla).

    Brado, aún consternado por la situación, se pone de pié, creyendo que el guerrero germano se había ido a quitar la vida por la desgracia que le había tocado vivir. Se acercó aún más hacia donde estaba él e intentó tomar la bota que contenía el líquido, y cuando menos se lo espera, en un brusco movimiento se incorpora el germano, y tomando su hacha le grita en su lengua: suelta eso maldito! Aegir solo provee de cerveza a sus hijos!!... y una y otra vez su hacha se dejó caer en dirección al romano. Brado, comprendió que si no hacía algo al respecto resultaría muerto por este germano, así que blandió su espada y comenzó una batalla campal de uno contra uno que no tenía fin. La lucha estaba equilibrada. Brado actuaba defensivamente ante la potencia del gran hacha del hijo de Odín, mientras que el germano poco a poco terminó por entender que no era la intención de Brado matarlo. Ambos cayeron exhaustos al suelo y no siguieron atacándose. Algo les decía que no era esa su misión y que ese encuentro era más que una simple casualidad. Brado deja su espada enterrada en el suelo como símbolo de paz y Arminius hace lo mismo con su hacha y saca de sus cosas tres botas más de ese elixir, las que al ser vistas por Brado le hacen comprender que no eran veneno, sino algún tipo de brebaje que hace a los guerreros más fuertes, y sin saberlo más amistosos a la hora de compartir. Tal vez algo similar al vino que preparan en su pueblo. El primer sorbo que probó Bardo lo escupió porque el sabor de este brebaje, que no era más que cerveza, le repugnó; y en una señal de ánimo, Arminius le insta a intentarlo nuevamente. Así pasaron las próximas horas bebiendo y riendo. Nuevamente comenzaron los cantos de guerra, los lloriqueos y una nueva amistad nació en el mundo de travian. No había palabras, sólo ademanes y dibujos en la arena y de vez en cuando apuntaban hacia las estrellas, cuando se acordaban de sus dioses.

    De pronto un sonido de galope se oye venir. Ambos guerreros, casi inconscientes de tanto beber, tratan de incorporarse hasta donde estaban sus armas, pero antes de que lograran estar cerca de ellas, un corcel blanco, como si se tratara de un relámpago, pasó entre ellos a vista y paciencia sin denotar violencia alguna. Desde el animal un guerrero, distinto a ellos, los observa mientras cruza veloz el oasis. Unos cuantos metros más allá se detiene y como si se tratara de un vidente, se une a ellos con señas de paz, dejando sus armas en el suelo. Se trataba de un guerrero galo llamado Asterix, que al igual que ellos llevaba horas en el oasis, pero que no tuvo tanta suerte, hasta ese momento, de haber encontrado amigos, por lo que había resuelto seguir su camino. No había nada que decir. A esas alturas todo se daba por entendido. No había intención de pelear, solo tratar de entender el destino que les había tocado sobrellevar. Permaneciendo juntos los tres, se les hizo de noche y acamparon en el lugar. Ninguno había obedecido la orden de ataque, Ninguno comprendía porqué ese devenir. De la cerveza pasaron a unas hierbas fermentadas que traía consigo el galo hasta que cayeron sumidos en un profundo sueño.

    La noche estaba silenciosa, solo las hojas de los árboles al viento emitían un ruido característico, como un silbido de miles de almas que habían perecido en la guerra. La luna se asoma por entre los árboles y a lo lejos se divisa algo así como un grupo de personas. Despertándose, los guerreros piensan, al ver como se acercaba este grupo de “personas”, que más camaradas se les unirían. Pero algo les parece extraño; no se percibe la misma sensación que cuando se conocieron, y la marcha de los que vienen llegando parece ser algo apresurada. Esos no son romanos!! Exclamo Brado, y tanto Arminius como Asterix comprendieron que tampoco se trataba de guerreros de sus respectivos pueblos. En los cielos se escucha algo así como un zumbido mortal... no comprendían de lo que se trataba pero sabían que no era bueno. Se hicieron de sus pertrechos, yelmos y armas y se prepararon para la embestida. A los pocos segundos, a escasos metros de ellos se deja caer algo así como una flecha gigante que no correspondía a las armas de asedio de ninguno de los pueblos. Nuevamente cae cerca de ellos una de estas flechas, y otra más. Pronto se vieron en una lluvia de estas atroces armas que sólo les hacía recordar levemente a las catapultas empleadas por sus ejércitos para derribar edificios. La batalla era inminente…no tenían escapatoria. Solos los tres habrían de hacer frente a una tropa completa de Antares que se dejaban caer sobre ellos, sin intención de tomarlos prisioneros, solo querían exterminarlos.

    Poderosas armas espinosas y picas eran blandidas por unas bestias con forma humana, cuyos rostros parecían desfigurados, y de talla más alta y corpulenta que Arminius, el más robusto de los tres guerreros. Sin embargo, estos tres camaradas eran valientes y eran considerados héroes en sus pueblos, por lo cual tenían ciertos dones bélicos que les conferían mayor resistencia a los ataques y mayor potencia, lo que les daba alguna esperanza de sobrevivencia. Brado se encomienda al dios Júpiter, lo mismo hace Asterix invocando a Taranix, el dios del trueno, y Arminius…. Arminius solo río con su típica carcajada burlona como suele hacerlo antes de ir a la guerra.

    Llega la primera oleada de Antares, Arminius de un solo hachazo decapita a seis de ellos, Brado no se queda atrás, blandiendo su espada llamada Anglachel, logra dar muerte a 20 de ellos en tan sólo 5 movimientos, mientras que Asterix en complicidad de su corcel derriba uno a uno a los natare que se le acercan. Así pasan 4 horas de intensa y encarnizada lucha hasta que el último de los natare, blandiendo dos mazos espinosos, fue aniquilado. Sin embargo Asterix ya no estaba en la batalla; había sido muerto cuanto se enfrentaba a 8 natare simultáneamente, quienes habrían sido exterminados, de nos ser porque el caballo del galo estaba repleto de llagas que le impidieron seguir, lo cual dejó en seria desventaja al guerrero. Por otra parte, Arminius yacía agonizante con una herida en su pulmón, dando su último aliento en los brazos de Brado diciendo: buena cerveza beberemos algún día en la casa de Odín. Brado no comprendió nada de lo que le decía y lloró amargamente por la pérdida de estos grandes amigos, y se aseguró de hacer llegar los restos de sus cuerpos a sus respectivos pueblos con todos los honores correspondientes.

    El único sobreviviente, el guerrero romano, antes de partir con los restos de sus camaradas, contempló las estrellas en la oscura noche y sintió compasión de la humanidad y de si mismo. Comprendió que el único sentido de su misión en el mundo travian, es la amistad y la lealtad entre guerreros y promulgar la paz mundial, sobretodo entre razas diferentes. Que la única forma de derrotar el mal, es uniendo fuerzas, aliándose unos a otros y protegiéndose como hermanos, tal como lo hicieron con él, el galo y el germano que jamás volvería a ver.

    Pasaron algunos meses en el mundo travian (horas del server) y Brado, por mandato de su líder, regresa a cumplir con su ejército y mientras viajaba recordaba los pocos momentos que vivió junto a sus amigos y lloró en sus memorias, ya que sabía que jamás volvería a tener amigos como ellos, incluso en su propio ejército.

    Ingresa al pueblo victorioso, más a él, de corazón humilde, no le interesaba ser reconocido con tantos honores, solo deseaba la paz en el mundo. De pronto, cuando se acercaba a la plaza de reuniones, ya nuevamente de noche, tan solo una fogata iluminaba el sector, una voz le parece familiar, una carcajada burlona y un canto. Junto a esta voz otra persona le acompañaba sobre un corcel: Freie Menschen weiter Brado!!... Freie Menschen weiter Brado!!. No lo podía creer! sus amigos estaban allí… cómo es posible? se preguntaba… cómo??... acaso estaré yo muerto también?.. Y bajándose de su caballo, Asterix junto a Arminius le dicen en su lengua: Otra batalla se nos viene!!... hemos venido a reforzar tu aldea…. Somos héroes…. Los dioses del mundo travian nos han resucitado. Esa noche, la noche de la vela de armas, no bebieron cerveza ni hierbas fermentadas, pero sin duda alguna fue la noche más emblemática que estos guerreros pudieron vivir, porque sentían la convicción de que nadie moriría en vano, porque la amistad que surgió entre ellos trascendería hasta más allá de los confines de travian, hasta donde habitan los dioses creadores del mundo travian…los server.

    Nada en el mundo travian, fue ni será más poderosa que la amistad de estos guerreros y su código de honor, ni una legión de catapultas ni el mismo ejército de los natare, hasta el fin de los tiempos, cuando los metales de sus armaduras, lanzas, espadas y hachas brillaron sobre la gran maravilla.

    FIN

  2. #2
    Avatar de Asesino de Cuerdas
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    25 Nov 2014
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    Por Defecto

    Me gusto! algun dia me animare a hacer una!

  3. #3
    Avatar de Dren
    Fecha de Ingreso
    13 Apr 2006
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    Por Defecto

    Muy buena historia, ojalá te animes con futuras entregas

    ★★★
    soberana, dannabt, kingofbarret

    cl19. l Top. 26 l Hiei l .MB. l 21592 habitantes l 27 aldeas

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